Viernes 27 de enero de 2012

Once millones menos por niñato y malcriado

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Cada vez que uno de esos futbolistas mimados y malcriados se declaran en rebeldía para marcharse de un equipo, siempre pienso lo mismo: ojalá el club no dé el brazo a torcer y le deje un añito sin jugar. No soporto a esa clase de jugadores que se creen que están por encima de todo y de todos, que consideran que por tener un don más o menos especial el mundo gira a su alrededor.

Lo del don no lo digo por decir: el perfil del típico jugador que se declara en rebeldía suele ser el del futbolista con aptitudes innatas, con un don natural, y no el del currante que llega a la élite a través del trabajo y del esfuerzo. No es extraño pues que en esto de la insumisión los brasileiros se lleven la palma. ¿Cuántas veces hemos escuchado a un brasileiro aquello de Já não sou feliz (‘ya no soy feliz’)? Si eres su jefe, date por jodido: una vez pronunciada esa frase, se acabó: el jugador empezará a vaguear, a llegar tarde, a entrenarse mal, etc, y tirará de la cuerda todo lo que haga falta.

El jugador que se declara en rebeldía sabe que en su lucha de poder con el club cuenta con una ventaja: cuánto más ruido se haga, cuánto más obvia sea la ruptura de la relación, más se devalúa su precio de mercado, con lo cual el club se ve obligado a tratar de maquillar el problema y buscarle una salida más rápido que deprisa. Así que lo más normal es que el club acabe malvendiendo al rebelde por un precio inferior al valor real del jugador.

Por todo ello, me alegro de la situación que está viviendo Carlos Tévez. Desde que el argentino dejó de sentirse un titular indiscutible en el Manchester City de Roberto Mancini comenzó a dar problemas. Las faltas de profesionalidad se sucedieron una tras otra hasta llegar al esperpento de negarse a saltar al césped como suplente para sustituir a un compañero en el partido de Champions League que enfrentó a su equipo con el Bayern München el pasado mes de Diciembre.

Aún más grave que el hecho de negarse a jugar fueron las palabras que le dedicó desde su retiro argentino a la ciudad que le acoge desde hace cinco años: “No tienes nada que hacer en Manchester, hay dos restaurantes. Es todo muy chiquitito. No puedes salir a ningún lado y mi hija no va al cine porque no entiende nada“. Resulta cuando menos curioso que Tévez se queje de que su hija no entienda nada cuando uno de las principales causas de su inadaptación es precisamente lo poco que se ha esforzado pro aprender el idioma y aclimatarse al país. (En este sentido haría una buena pareja con Reyes). Tampoco podemos olvidar sus idas y venidas a la Argentina sin permiso del club, sin avisar ni dejar un medio para localizarlo (esta excusa ha dejado de existir en el s.XXI) y volviendo a Inglaterra cuando le viene en gana.

Con semejante curriculum de indisciplina no es extraño que el Manchester City le haya acabado metiendo un buen paquete. Según informa The Guardian la sanción ya le ha supuesto al jugador unas pérdidas de 9,3 millones de libras (11 millones de euros), suma alcanzada por la pérdida de ingresos en concepto de salario y pagas extraordinarias a los que hay que añadir la multa impuesta por el club.

Ahora, desde que se abrió el mercado invernal, sus agentes andan locos por conseguir que el City le deje salir. El Apache tiene ofertas del AC Milan y el PSG, pero el club de Manchester se niega a dejarlo salir por menos de 35 millones de euros. Y claro, tanto franceses como italianos no están dispuestos a llegar a esa cantidad teniendo en cuenta que Tévez está apartado del equipo. Están jugando su baza de negociar a la baja.

La alegre diferencia con otros casos es que a los dueños del City les sobra el dinero, así que están jugando duro. Khaldoon al-Mubarak, presidente del club en representación del Abu Dhabi United Group, ha recordado que “Tévez aún mantiene sus obligaciones contractuales con el Manchester City durante dos temporadas y media más, por lo que, a menos que recibamos una oferta que consideremos apropiada, haremos cumplir los términos de su contrato“.

Además, ha avisado a Milan y PSG que su “falsa sensación de confianza” no les hará rebajar sus pretensiones económicas, con lo cual el mensaje está claro: o reciben lo que piden o están dispuestos a quedarse con Tévez hasta el fin de su contrato. Veremos cómo acaba este asunto (quedan seis para que termine el mercado de Enero) pero desde luego que si, por primera vez en la historia, alguien le hace pagar a un jugador su absoluta carencia de profesionalidad y madurez, yo me alegraré.

Foto | Alfonso Jiménez



Ver en línea : Notas de Fútbol

REY DE COPAS